Según revelan las autoridades, algunos de ellos ni siquiera habían visto la luz del día.
MOSCÚ.- Niños que prácticamente no podían salir a la calle; habitaciones subterráneas sin ventilación donde se hacinaban fanáticos de una secta musulmana: estos son los hallazgos hechos por la Policía en los suburbios de Kazán, capital de la república rusa de Tatarstán.
Más de 20 niños que tienen entre cinco meses y 17 años, vivían, según la Policía, en catacumbas, en condiciones completamente anormales y antihigiénicas debido a que sus padres pertenecían a la secta dirigida por Faizrahmán Satárov, líder religioso que a mediados de los años 90 se declaró profeta. Este fanático musulmán, de 83 años, prohibía a los miembros de su secta, ir a centros médicos, y a los niños, a la escuela.
El jefe policial de Kazán, Ranis Bajitov, reveló los niños fueron localizados en catacumbas construídas en ocho niveles subterráneos bajo una vivienda de las afueras de esa ciudad. “Fueron construidos en forma de laberinto, con habitaciones de seis metros cuadrados”, explicó.
La Policía entró a las viviendas de los faizrahmanitas, territorio acotado en las afueras de Kazán, el pasado 1 de agosto, en el marco de las investigaciones que la Policía lanzó en Tatarstán tras un atentado, a mediados de julio, contra el mufti de esa república, Ildús Faizov, de 49 años.
Una bomba explotó bajo el automóvil del religioso y, como no se había puesto el cinturón de seguridad, la explosión lo lanzó fuera del coche y logró sobrevivir. Ese mismo día, Valiulí Yakúpov, otro dirigente musulmán, fue asesinado a tiros en la misma república. Ambos eran conocidos por ser enemigos del islamismo extremista y fundamentalista.
Los niños han sido hospitalizados y la fiscalía ha abierto una investigación contra el líder autoproclamado profeta y estudia abrirla también contra los padres de los niños, por no cumplir los deberes paternales estipulados en la ley rusa.